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domingo, 3 de febrero de 2019

Paréntesis musical


Estimados, en este mes el paréntesis musical está compuesto por canciones que ustedes mismos propusieron, al participar en la consulta que lanzamos a través de nuestro Instagram. Son las canciones que vienen a la mente después de haber leído el Poema 16 del poemario Te lo digo llorando de rabia, de Ángela Silva
16

Fragmentado
sí, tengo el corazón
fragmentado
por ti
por mí
por todos los presentes
contar hasta diez
y desvanecerse
sí, tengo el corazón
frag men ta do
un dos tres por mí
por ti
que te fuiste
te fuis te
desapareciste
y por todos mis compañeros
cuento, cuento
un dos tres
qué importa
qué importa
cuatro cinco seis
te vas
y qué importa
y un dos tres
por ti
que estás escondido
en la otra parte
del mundo

Notarán que los géneros y temas son muy diversos, así que ¡¡¡disfruten de esta lista!!! Ahora desde la aplicación Spotify.


sábado, 12 de enero de 2019

Te lo digo llorando de rabia / 10

Diez
 Por: Ángela Silva / De su libro “Te lo digo llorando de rabia”


A veces me levantaba
Antes que tú, para servir
el desayuno
lavarme los dientes,
ordenar los platos.
Irónicamente, así fue
la última noche
que pasamos juntos.
Me levanté y
lavé la loza,
la sequé y lloré un poco.
Algo me advertía que sería
La última vez que pisaría
tu departamento.
Puse una canción triste de fondo,
tú te entraste a bañar
te demoraste más de lo habitual
parece que también lo sabías:
esta sería la despedida muda,
más triste de la vida.
Ya había preparado el desayuno
recuerdo tu mirada y el silencio:
me estabas dejando de amar
y al fin y al cabo,
esta sería la despedida muda,
más triste de la vida.



Sobre la autora:

Ángela Silva (Santiago de Chile), estudiante de Letras mención Literatura en la Universidad Andrés Bello.
Cuenta con un poemario publicado, titulado “Te lo digo llorando de rabia”, centrado en el tema del desamor, y a su vez inspirado en la canción “No volveré”.


 Participó en el 2º Festival de Poesía de La Chascona (antes la casa de Pablo Neruda), en mayo de 2018, dentro de la sesión de “Nueva poesía chilena”.


Encuentrala en Instagram @ange.silvad

martes, 27 de noviembre de 2018

Declaración de amor

Por: Efraín Huerta

Fotografía: Violeta Barrales

1
Ciudad que llevas dentro
mi corazón, mi pena,
la desgracia verdosa
de los hombres del alba,
mil voces descompuestas
por el frío y el hambre.

Ciudad que lloras, mía,
maternal, dolorosa,
bella como camelia
y triste como lágrima,
mírame con tus ojos
de tezontle y granito,
caminar por tus calles
como sombra o neblina.

Soy el llanto invisible
de millares de hombres.
Soy la ronca miseria,
la gris melancolía,
el fastidio hecho carne.
Yo soy mi corazón
desamparado y negro.

Ciudad, invernadero,
gruta despedazada.



2

Bajo tu sombra, el viento del invierno
es una lluvia triste, y los hombres, amor,
son cuerpos gemidores, olas
quebrándose a los pies de las mujeres
en un largo momento de abandono
—como nardos pudriéndose.
Es la hora del sueño, de los labios resecos,
de los cabellos lacios y el vivir sin remedio.

Pero si el viento norte una mañana,
una mañana larga, una selva,
nos entregara el corazón deshecho
del alba verdadera, ¿imaginas, ciudad,
el dolor de las manos y el grito brusco, inmenso,
de una tierra sin vida?
Porque yo creo que el corazón del alba
en un millón de flores,
el correr de la sangre
o tu cuerpo, ciudad, sin huesos ni miseria.

Los hombres que te odian no comprenden
cómo eres pura, amplia,
rojiza, cariñosa, ciudad mía;
cómo te entregas, lenta,
a los niños que ríen,
a los hombres que aman claras hembras
de sonrisa despierta y fresco pensamiento,
a los pájaros que viven limpiamente
en tus jardines como axilas,
a los perros nocturnos
cuyos ladridos son mares de fiebre,
a los gatos, tigrillos por el día,
serpientes en la noche,
blandos peces al alba;
cómo te das, mujer de mil abrazos,
a nosotros, tus tímidos amantes:
cuando te desnudamos, se diría
que una cascada nace del silencio
donde habitan la piel de los crepúsculos,
las tibias lágrimas de los relojes,
las monedas perdidas,
los días menos pensados
y las naranjas vírgenes.

Cuando llegas, rezumando delicia,
calles recién lavadas
y edificios-cristales,
pensamos en la recia tristeza del subsuelo,
en lo que tienen de agonía los lagos
y los ríos,
en los campos enfermos de amapolas,
en las montañas erizadas de espinas,
en esas playas largas
donde apenas la espuma
es un pobre animal inofensivo,
o en las costas de piedra
tan cínicas y bravas como leonas;
pensamos en el fondo del mar
y en sus bosques de helechos,
en la superficie del mar
con barcos casi locos,
en lo alto del mar
con pájaros idiotas.

Yo pienso en mi mujer:
en su sonrisa cuando duerme
y una luz misteriosa la protege,
en sus ojos curiosos cuando el día
es un mármol redondo.
Pienso en ella, ciudad,
y en el futuro nuestro:
en el hijo, en la espiga,
o menos, en el grano de trigo
que será también tuyo,
porque es de tu sangre,
de tus rumores,
de tu ancho corazón de piedra y aire,
de nuestros fríos o tibios,
o quemantes y helados pensamientos,
humildades y orgullo, mi ciudad.

Mi gran ciudad de México:
el fondo de tu sexo es un criadero
de claras fortalezas,
tu invierno es un engaño
de alfileres y leche,
tus chimeneas enormes
dedos llorando niebla,
tus jardines axilas la única verdad,
tus estaciones campos
de toros acerados,
tus calles cauces duros
para pies varoniles,
tus templos viejos frutos
alimento de ancianas,
tus horas como gritos
de monstruos invisibles,
¡tus rincones con llanto
son las marcas de odio y de saliva
carcomiendo tu pecho de dulzura!

sábado, 10 de noviembre de 2018

Efemérides


Nace un día como hoy pero de 1891, Jean Nicolas Arthur Rimbaud, poeta francés quien,  a pesar de haber fallecido a la temprana edad de 37 años, llevando 17 años retirado del oficio, está considerado como uno de los grandes poetas simbolistas franceses. Sus poemarios mas conocidos son "Una temporada en el Infierno" e "Iluminaciones".


Mi bohemia
                                                                (Fantasía)

Me iba, con los puños en mis bolsillos rotos…
mi chaleco también se volvía ideal,
andando, al cielo raso, ¡Musa, te era tan fiel!
¡cuántos grandes amores, ay ay ay, me he soñado!

Mi único pantalón era un enorme siete.
––Pulgarcito que sueña, desgranaba a mi paso
rimas Y mi posada era la Osa Mayor.
––Mis estrellas temblaban con un dulce frufrú.

Y yo las escuchaba, al borde del camino
cuando caen las tardes de septiembre, sintiendo
el rocío en mi frente, como un vino de vida.

Y rimando, perdido, por las sombras fantásticas,
tensaba los cordones, como si fueran liras,
de mis zapatos rotos, junto a mi corazón.